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Opinión

Conductores con discapacidad: cuando la inclusión y accesibilidad se ponen sobre ruedas

Mujer en silla de ruedas subiendo a un auto
Imagen referencial

No sé si lo recordarán, pero en mi columna anterior les conté cómo descubrí el mundo del simracing y esto se terminó convirtiendo en una de mis grandes pasiones. ¿Por qué? Porque, además de ser un espacio de recreación, también es una comunidad de personas en situación de discapacidad que, al igual que yo, encontraron una forma de disfrutar de los autos y las carreras.

Después de conocer todas estas alternativas, me quedó dando vueltas una pregunta: ¿Qué pasa cuando dejamos el simulador y hablamos de conducir un auto de verdad?

Nací con una discapacidad física y soy usuario de silla de ruedas, por lo que para mí conducir un automóvil tradicionalmente no es algo tan sencillo como sentarse, ponerse el cinturón y comenzar a manejar. Sin embargo, eso no significa que sea imposible.

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Hoy existen distintas tecnologías y adaptaciones que permiten que personas con diferentes tipos de discapacidad puedan conducir. Y aquí aparece nuevamente una palabra que para mí se ha vuelto muy importante: adaptación.

Para quienes no están insertos en el mundo de la discapacidad y/o no conocen a nadie con alguna, puede ser impensado ver a alguien con una condición física manejando, pero existen autos que pueden incorporar controles manuales para acelerar y frenar con las manos, aceleradores que se instalan al lado izquierdo, modificaciones en los pedales, dispositivos que facilitan el manejo del volante con una sola mano e incluso sistemas mucho más avanzados que permiten controlar diferentes funciones del vehículo mediante joysticks.

Ante esto puede surgir otra interrogante: ¿Realmente hay tantas personas con discapacidad que conducen?”

La respuesta es sí.

Por ejemplo, un análisis del Bureau of Transportation Statistics de Estados Unidos estimó que cerca del 65% de las personas con discapacidad conducían un automóvil u otro vehículo motorizado, frente al 88% de las personas sin discapacidad. Son cifras de Estados Unidos y no podemos trasladarlas directamente a Chile, pero nos ayudan a dimensionar algo que muchas veces olvidamos: las personas en situación de discapacidad también conducen, trabajan, llevan a sus hijas o hijos, hacen sus compras y recorren kilómetros todos los días (incluso algunos compiten en carreras reales).

Y en Chile hablamos de una comunidad muy grande. Según el Censo 2024, 1.950.388 personas de 5 años o más viven con alguna condición, equivalentes al 11,1% de esa población.

Entonces, quizás la pregunta inicial debería ser: “¿Qué necesita esta persona para poder conducir?”

Como en el simracing se utiliza un volante adaptado que me permite acelerar, frenar y controlar el auto de una manera que se ajusta a las necesidades de cada jugador, en un automóvil real ocurre algo parecido: existen tecnologías que permiten modificar la forma en que aceleramos, frenamos o manejamos para que una persona pueda estar detrás del volante.

La tecnología cambia, el vehículo cambia, pero la idea es la misma: encontrar una manera de hacerlo.

Para mí, una de las cosas más bonitas de la inclusión es que no todos tenemos que hacer las cosas de la misma manera, pero todos deberíamos tener la oportunidad de intentarlo.

A veces la barrera no está en que no podamos hacerlo, sino en que todavía no hemos encontrado la manera.

Y créanme… encontrarla puede cambiarlo todo.

Matías Del Canto
Escrito por

Matías Del Canto

Coordinador de Reclutamiento y Gestión Administrativa Fundación Wazú

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