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Opinión

Mamá, incluso cuando el mundo duda

Foto de mujer en silla de ruedas y con un niño pequeño en brazos
Créditos: Paula Miranda

Ser mamá ya es un acto de amor inmenso. Pero ser mamá con discapacidad… es también un acto de valentía todos los días.

Ha sido un proceso de adaptación en todo sentido. Lamentablemente, aún se ve «extraño» que una persona con discapacidad tenga hijos y por lo mismo, el área de la salud no está adaptada; socialmente no existe accesibilidad actitudinal incluso algo tan simple como un juego para compartir con mi hijo tampoco es accesible.

No te voy a mentir, hay momentos en que duele: duele sentir que te miran distinto, que duden de ti antes de conocerte, que cuestionen tu forma de criar solo porque tu cuerpo o tu realidad no encajan en lo «esperado». Duele tener que ser fuerte incluso cuando estás cansada, cuando el cuerpo no responde como quisieras, cuando el entorno no acompaña. Duele tener que demostrar el doble… todo el tiempo.

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Pero también hay algo profundamente poderoso en esto.

Porque mi forma de ser mamá no nace desde la perfección, sino desde el esfuerzo, la adaptación, del levantarme una y otra vez, incluso cuando siento que ya no puedo más. Nace desde un amor que ha aprendido a ser más paciente, más consciente, más real. Yo no soy mamá desde lo ideal, de esta fantasía de la mamá perfecta, soy mamá desde la realidad , desde lo que soy hoy, con todo lo que eso implica.

Mi hijo no ve una discapacidad, ve a su mamá: ve amor, ve contención, ve presencia, ve cariño, ve entretención, entre muchas otras cosas. Y en su mirada entiendo que todo lo que soy, con mis luces y mis sombras, es suficiente. Que no necesito cumplir con un estándar para ser una buena mamá, porque el vínculo que construimos día a día vale más que cualquier expectativa externa.

Ser mamá me cambió, me enamoró y me dio un motorcito extra para enfrentar todo lo que he vivido y lo que se viene por vivir juntos . Me enseñó a abrazarme, a respetar mis tiempos, a reconocer mis límites sin culpa y a entender que mi forma de ser mamá es absolutamente válida y ha sido lo más bonito que he vivido en toda mi vida.

Este Día de la Madre no quiero flores perfectas (igual me gustaría jajaja) ni discursos vacíos. Quiero reconocerme. Quiero mirarme y decirme: lo estás haciendo bien, incluso en los días en que sientes que no puedes más.

Porque ser mamá, en mi historia, no es solo un rol… es un acto de amor, de fuerza y de resiliencia.

Paula Miranda
Escrito por

Paula Miranda

Psicóloga y creadora de contenido sobre maternidad, inclusión y estilo de vida, con una mirada real y consciente

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