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Opinión

Crianza y neurodivergencia: ¿Qué pasa si el autista soy yo?

Niña de la mano de su mamá caminando por la playa, de espaldas ambas
Créditos: Documental "Extraordinarias: unidas en la neurodiversidad"

Es una mañana cualquiera de un día cualquiera. Dentro de la casa hay espacio para todo, pero hay rutinas y ritos que se respetan a rajatabla, y no necesariamente porque la pequeña es autista, sino porque yo, la adulta responsable, también lo soy.

Cuando tienes a cargo a una niña o niño, siendo madre, padre o tutor, la regla de oro que la sociedad te impome es «tú dejas de ser prioridad» porque este mini ser humano llega a ocupar el primer lugar en todo, sea en el panorama que sea, tenga o no una condición.

En los últimos años se ha transparentado más la realidad de la crianza, dejando de romantizarla y validar – incluso- la opción de arrepentimiento en ocasiones, porque las infancias son seres igual de complejos que quienes les cuidamos, con carácteres en ocasiones bellos y en otros de pesadilla.

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Sí para alguien neurotípico ya se puede hacer complejo criar y educar, les hago spoiler que para quienes vivimos en una neurodivergencia, como en mi caso el autismo, la montaña es más difícil de escalar.

Me siento afortunada de que mi hija sea autista cómo yo, porque aunque somos opuestas en muchas cosas, manejamos los mismos códigos, compartimos el mismo sentir y nuestro hogar se convierte en nuestro micromundo seguro, pero ¿Qué pasaría si hubiese sido una niña neurotípica? ¿qué amara ir a cumpleaños, fuera super sociable, le encantara participar en los actos de la escuela e ir a espacios con muchas niñas y niños gritando?

Como madre (autista) responsable ¿debería estar en todo eso y tragarme mis crisis de ansiedad y/o sensoriales? Aquí es donde entramos en terreno delicado, porque eso de que te dejas de lado porque eres madre, padre o tutor es algo erróneo.

Una hija o un hijo estará bien si a ti te ve bien, porque en la psicología se menciona que entre los primeros 5 o 7 años de vida se forma el carácter por medio de las buenas y malas vivencias. 

Dejemos de creer que no se dan cuenta de cuándo tenemos un día malo, estamos tristes o enojados. Somos humanos que igual lloramos, sentimos dolor y sufrimos.

Siendo autista tengo crisis sensoriales, muchas cosas me generan sobreestímulo, hay días que me hiperventilo y luego no puedo ni moverme y mi hija lo sabe, porque la hago partícipe de mi vida interior, de entender que mamá no todo lo puede y que cuidándonos mutuamente ambas seres felices.

La invitación es a eso: a conocernos y reconocernos como humanos comunes y corrientes; que se acaben las frases clichés de «nunca más vas a dormir si tienes una hija o un hijo», «tu mundo girará en torno a ellos», «olvídate de tener tiempo para ti» y tantas más. Claro, la vida cambia, pero no debemos volvernos esclavas o esclavos.

Es importante jamás dejarse de lado, cuidar nuestra salud física, mental y espiritual, porque ser cuidador no debe ser una «cruz con la que cargas» sino una experiencia de vida sana.

Constanza Figueroa Mora
Escrito por

Constanza Figueroa Mora

Periodista y audiovisual. Editora de wazu.cl

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