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Entrevistas y reportajes

Genevy Moreno, directora de la carrera de Ped. en Edu. Diferencial UAH: «La amplificación de amenazas (en recintos educacionales) no solo habla de seguridad: habla de desconexión, malestar y falta de pertenencia”

Fiscalía ha recibido más de 700 denuncias por casos de amenazas de tiroteos o actos de violencia en recintos educacionales en las últimas semanas, según informó 24horas.
Imagen de una pared donde dice escrito "Mañana 15/4 tiroteo no vengan"

El 27 de marzo de 2026 es una fecha que quedará marcada en la comunidad del Instituto Obispo Silva Lezaeta de Calama, tras el ataque de un estudiante de 4° medio a un grupo de personas, entre ellas, una inspectora que resultó fallecida. 

Tras este hecho, se han conocido diversos casos de amenazas en establecimientos y universidades a lo largo del país, levantando las alertas en madres, padres, cuidadores, docentes y autoridades, poniendo a “toda máquina” la tramitación del proyecto Escuelas Protegidas, pero ¿a qué se debería este aumento de anuncios?  

En entrevista con wazu.cl, la directora de la carrera de Pedagogía en Educación Diferencial de la Facultad de Educación de la Universidad Alberto Hurtado (UAH), Genevy Moreno, explica que esto se debería a algo mucho más profundo de lo que se muestra en la prensa. 

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En psicología existe una teoría que podría, en parte, explicar lo que está ocurriendo entre adolescentes y estudiantes. “Se trata del aprendizaje por observación (de Albert Bandura) o efecto imitación como también se le conoce. Su principal premisa es que aprendemos más rápido a través de la observación o de un modelamiento”, declara Moreno. 

“Algo que la psicología ha observado en otros contextos es que cuando ocurre un hecho muy impactante, puede aparecer este efecto de imitación. Ese hecho abre una idea que antes no estaba tan presente. Algunas personas, especialmente si están pasando por momentos difíciles, pueden tomarlo como referencia disponible para expresar rabia, desesperación, deseo de notoriedad o fantasías de poder”, agrega la docente de la UAH. 

Moreno es enfática en señalar lo importante que es entender que no todas las amenazas tienen una intención real de un ataque, como el caso ocurrido en Calama. “Generalmente son una forma de expresar rabia, frustración o necesidad de ser visto. No es solo imitación, es imitación sobre malestar que ya existía. Muchas amenazas no surgen solo de una “idea copiada”, sino de una combinación de factores previos como sufrimiento emocional, aislamiento, conflictos escolares, humillación, impulsividad o necesidad de ser vistos». 

Muchos han considerado que el proyecto de Escuelas Protegidas es una medida efectista, ya que no abordaría la raíz de lo que está ocurriendo, y solo se basa en los sancionatorio por sobre lo pedagógico.  

Para la docente, la amplificación de anuncios intimidatorios que han surgido en las últimas semanas se debe a tres cosas: “Primero, un fenómeno de contagio o imitación social después de un hecho altamente impactante y mediatizado. Segundo, una fragilidad en la capacidad institucional de las comunidades para tramitar el malestar antes de que escale a formas amenazantes. Y tercero, un clima de época donde la violencia circula también como lenguaje: se anuncia, se viraliza, se escribe y se comparte para producir efecto en otros”. 

A lo anterior agrega un cuarto factor: una debilidad del vínculo educativo. “La evidencia demuestra que cuando los estudiantes se sienten conectados a su escuela tienen menor prevalencia de mala salud mental, violencia y ausentismo por inseguridad; y, al revés, cuando hay baja conexión escolar se asocia con más riesgo y más sufrimiento. En ese sentido, la amplificación de amenazas no solo habla de seguridad: habla de desconexión, malestar y falta de pertenencia”, explica Moreno.   

 

No toda amenaza está ligada a una condición de salud mental 

En los medios de comunicación se ha recalcado mucho que el joven de Calama tiene distintas condiciones de salud mental, lo que ha abierto el debate en redes sociales, llegando incluso a que usuarios estigmaticen, por ejemplo, a personas en el espectro autista. 

La docente de la UAH manifiesta que estos casos no siempre tienen un trasfondo de un problema psicológico y que no toda condición conduce a actos de agresividad. “Lo primero es evitar un error frecuente: no toda amenaza equivale a un trastorno mental grave, y no toda dificultad de salud mental conduce a violencia. Patologizar automáticamente puede hacer perder de vista el problema real”. Agregando “lo que sí se sabe es que el riesgo aumenta cuando confluyen sufrimiento psíquico, aislamiento, hostilidad creciente, fascinación por la violencia, ideación suicida y disponibilidad de medios”. 

Frente a esto último, es importante que las familias presten atención a algunos comportamientos. “Entre las señales de alarma a las que deberían prestar mucha atención están: verbalizaciones de desesperanza sobre el futuro; dolor emocional intenso o desbordado; irritabilidad o agitación recientes; cambios bruscos en el sueño; retraimiento de vínculos; rabia fuera de contexto; hablar de venganza; sentir que “sobran” o son una carga; consumo creciente de alcohol o drogas”, explica Moreno. 

Sin duda, la prevención de estos casos es una labor que debe hacerse en conjunto entre las familias, escuelas y entornos sociales en las que están las infancias, adolescencias y juventudes, logrando poder ver más allá de lo creemos evidente.   

Constanza Figueroa Mora
Escrito por

Constanza Figueroa Mora

Periodista y audiovisual. Editora de wazu.cl

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