Un estudio de la Universidad de East Anglia (UEA) de Reino Unido publicado en la revista Sleep Research Society reveló que el sueño superficial en los bebés tendría una gran relación con el autismo.
Los investigadores descubrieron que quienes tienen estos rasgos, cuando dormían siesta, tanto en entornos ruidosos como en espacios tranquilos, su sueño se veía profundamente alterado.
Lo anterior estaría relacionado con su cableado sensorial único, teniendo dificultades para lograr un sueño reparador, consignó El Economista.
La profesora Teodora Gliga, de la Facultad de Psicología de la UEA, quien dirigió el estudio, explicó: «Al monitorear las ondas cerebrales de los bebés, pudimos ver diferencias claras en qué tan profundamente dormían los bebés en respuesta al sonido. Los bebés más sensibles no pasaron menos tiempo en sueño profundo; simplemente, su sueño profundo fue más superficial. Las ondas lentas que definen esta etapa fueron más pequeñas y débiles, lo que demuestra que, si bien la duración fue similar, la profundidad y la calidad del sueño se redujeron. Nuestros resultados muestran que incluso los sonidos cotidianos pueden dificultar que algunos bebés permanezcan en un sueño profundo, especialmente aquellos con respuestas sensoriales naturalmente intensificadas».
Anna de Laet, primera autora de la investigación, afirmó: «El autismo es una condición altamente hereditaria. Incluimos a bebés con y sin un hermano mayor autista para captar una amplia gama de sensibilidades sensoriales, comunes en el autismo y que surgen en las primeras etapas del desarrollo, a menudo mucho antes de que sea posible el diagnóstico».
«Estos rasgos de sensibilidad no significan que un bebé desarrollará autismo, que no podemos diagnosticar de manera confiable antes de los tres años, pero nos ayudan a estudiar cómo las diferencias sensoriales tempranas pueden moldear el sueño en la infancia», agregó.
