Al momento de organizar un evento, en la actualidad ya es casi impensable que no haya interpretación de lengua de señas, siendo lo más básico que debería implementarse si hablamos realmente de inclusión. Sin embargo, quienes están a cargo de la contratación del servicio no suelen considerar un ‘pequeño gran detalle’: debe ser más de una persona cumpliendo dicha tarea.
¿Por qué? En la cuenta Intelsa, explican que «la interpretación simultánea exige un nivel extremo de concentración, procesamiento cognitivo y agilidad física constante».
No es igual que quien traduce de un idioma a otro.
Tras 20 o 30 minutos de interpretación, se comienza a notar la fatiga cognitiva de dicha labor, lo que perjudica la precisión del mensaje. A dicho desgaste se le conoce como fatiga cognitiva.
«Cuando la fatiga cognitiva aparece, el cerebro simplemente no puede mantener la máxima fidelidad del mensaje», se detalla en la cuenta de Instagram de la Red Federal de Ilsaes y Asesores Sordos/as.
Para garantizar una buena accesibilidad de la comunicación, es primordial contratar a más de un intérprete, que idealmente tengan una o un asesor sordo; si no, se está atentando contra la calidad del mensaje.
