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¿Por qué suele asociarse el autismo con la violencia? especialistas explican por qué es un error

El tema volvió a salir a flote debido al caso del joven que mató a una inspectora en Calama, quien sería autista, según reveló su madre.
Mujer enojada de perfil tirando su chaleco
Imagen referencial

“Tenía que ser TEA”, “Los TEA deberían ir a escuelas especiales”, “Los TEA son violentos”, eran algunos de los comentarios que podían leerse en redes sociales tras darse a conocer –de parte de la madre- el diagnóstico de autismo del joven que planeó un ataque en una escuela de Calama y terminó matando a una inspectora y dañando a otras cuatro personas. Pero esto no es primera vez que pasa: el estigma de relacionar la violencia con esta neurodivergencia ¿es correcto? 

La psicóloga especialista en intervención en autismo, Carola Santos Riquelme, explica en entrevista con el portal Más que cultura, que esto es un mito. “Esto es como una nube oscura que cubre nuestro entendimiento y que nace muchas veces de malentendidos, de prejuicios, incluso en los medios de comunicación.  Pero en realidad el autismo no dicta comportamientos agresivos, sino que más bien quienes viven en el espectro a menudo expresan sus emociones a través de conductas que pueden parecer desafiantes, pero que en el fondo son mecanismos de supervivencia o comunicación”, detalla la profesional. 

Por su parte, el director general de la Confederación Autismo España, Jesús García Lorente, es enfático: «No hay ninguna relación directa entre los comportamientos violentos y el autismo”, consigna el medio El Español. 

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Según define la Organización Panamericana de Salud la violencia es el “uso intencional de la fuerza física o el poder real o como amenaza contra uno mismo, una persona, grupo o comunidad que tiene como resultado la probabilidad de daño psicológico, lesiones, la muerte, privación o mal desarrollo”.  Esto es lo que no ocurriría en las personas dentro del espectro autista, ya que no hay una intencionalidad en los posibles episodios de agresividad debido al proceso neurológico de desregulación que los desecadenan 

Santos detalla que las actitudes desafiantes no son una característica propia de esta neurodivergencia, sino una respuesta a factores contextuales como la sobrecarga sensorial, la frustración comunicativa o la falta de adaptación del entorno, por ejemplo, en las escuelas. Cifras señalan que 60% de las y los estudiantes autistas pasan solos en los recreos, indicando un alto nivel de marginación. «Tenemos lamentablemente más índices de autoagresión e incluso de ideas suicidas», advierte García Lorente. 

De hecho, la agresividad no está dentro de los criterios diagnósticos del autismo, como sí es la dificultad de interacción social, intereses profundos y patrones repetitivos en los comportamientos.  

 

¿Todas las personas autistas tienen crisis? 

Las investigaciones al respecto son variadas, pero según indica el sitio Applied behavior analysis “Una encuesta de 2010 encontró que el 68% de los niños con EA mostraron agresión hacia los cuidadores, y el 49% fueron agresivos con los no cuidadores. Un estudio separado de 2014 acercó la cifra al 25%, centrándose específicamente en comportamientos como golpear, lanzar objetos o romper cosas”. 

 

Los factores que pueden desencadenar los cuadros de agresividad son: 

  • Barreras comunicacionales 
  • Sobrecarga sensorial 
  • Ansiedad y alteración en rutinas 
  • Cambio, frustración y expectativas no cumplidas 

 

A lo anterior se suma la existencia de la comorbilidad del Trastorno de Déficit Atención con Hiperactividad (TDAH) condición que aumenta la impulsividad en las reacciones.  

Es importante saber diferenciar cuando se trata de una crisis que desencadena agresividad o cuando hay violencia intencional. La primera tiene que ver con un proceso neuronal no es una elección de conducta ni intencional. La segunda conlleva una planificación, con la idea de generar un daño, lo que podría alertar de cuadros psiquiátricos severos, como, por ejemplo, psicopatía.  

Los especialistas explican que estas crisis de agresividad generalmente van mejorando con los años, siendo fundamental el trabajo terapéutico, ya que las personas autistas suelen tener Alexitimia (dificultad de reconocer, procesar y expresar emociones propias y ajenas). 

Al tener las herramientas debidas, en la edad adulta, las personas autistas logran reconocer los desencadenantes o lograr encontrar las formas de regular los cuadros de agresividad. 

En tanto, en la infancia una forma de reconocer las crisis es que el comportamiento desafiante no se pasa, aunque se intente resolver la causa gatillante (por ejemplo, se pierde un juguete y se encuentra, y la niña o el niño sigue sufriendo por ello). Frente a esto, es importante desviar la atención de lo que produjo la desregulación, además de trabajar en el entendimiento de las emociones.  

En los espacios escolares, Santos explica que es importante trabajar en construir vínculos afectivos sólidos entre docentes y estudiantes. “Los lugares donde ellos más están es en los colegios, los liceos y en sus casas.  Entonces, la clave es romper estos muros que uno ve muchas veces de desconexión, incluso entre los profesionales, y construir puentes de comunicación mucho más sólidos basados en la humanización, en la confianza, el respeto y la escucha activa”. 

A lo anterior se suma la capacitación a las comunidades educativas sobre estrategias como el sistema de Comunicación Aumentativa Alternativa, la implementación planes de apoyo individualizados que consideren las sensibilidades sensoriales y los intereses de cada estudiante. Crear rutinas predecibles, usar apoyos visuales y fomentar la autorregulación emocional. 

De esta manera e informándonos sobre esta condición, más allá de los que dicen las redes sociales, podemos ir derribando mitos y eliminando estigmas.