Los Trastornos Alimenticios o Trastorno de Conducta Alimentaria (TCA) son problemas graves de salud mental. «Afectan la capacidad del cuerpo para obtener una nutrición adecuada. Esto puede provocar problemas de salud como enfermedades cardíacas y renales, o incluso la muerte», define el sitio especializado Medline Plus.
Aunque las causas se desconocen, en el portal detallan que “investigadores creen que estas afecciones son causadas por una interacción compleja de factores, incluyendo genéticos, biológicos, conductuales, psicológicos y sociales”.
Es en este punto donde se genera la ‘interseccionalidad’ entre los TCA y las neurodivergencias (ND) ¿por qué?
Principalmente las personas autistas y/o con Trastorno de Déficit Atencional e Hiperactividad (TDAH) son las más vulnerables, debido a cómo se interactúa con el mundo.
Quienes viven con estas ND tienen sensibilidades sensoriales, haciendo intolerables algunos alimentos; rigidez cognitiva, priorizando los mismos alimentos; confusión interoceptiva, lo que implica la incapacidad de reconocer el hambre o la saciedad; y la alexitimia, la que dificultad el reconocimiento de emociones afectando la autorregulación.
Esto se refleja en cifras, en las que se señala:
- Personas autistas: pueden representar el 37% de las personas diagnosticadas con anorexia nerviosa (AN). Muchas experimentan ARFID (trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos), con un estimado del 21% afectado, en comparación con el 0,3% en la población general.
- Personas con TDAH: tienen entre tres y seis veces más probabilidades de desarrollar un trastorno alimentario. Factores como la impulsividad, la falta de atención, el malestar emocional y la desregulación de la dopamina contribuyen a este riesgo.
- Infancias TDAH: tienen 12 veces más probabilidades de experimentar pérdida de control al comer.
- Personas TDAH y autismo (AuDHD): presentan algunas de las tasas más altas de conductas alimentarias restrictivas.
Las personas ND también presentan mayores probabilidades de tener problemas gastrointestinales, trastornos relacionados con el sistema inmunitario y problemas de salud mental concomitantes como depresión, ansiedad e ideación suicida.
Según detalla el portal EFDA, es importante diferenciar los rasgos neurodivergentes frente a síntomas de TCA.
- Preferir alimentos insípidos o específicos: podría ser una forma de alimentación segura para los sentidos
- comer solo o evitar el contacto visual: podría ser una diferencia en la comunicación social.
- usar dispositivos o auriculares durante las comidas: podría ser regulación sensorial
Para evitar desarrollar conductas que puedan desencadenar a TCA, en este sitio recomiendan el modelo SAFETY:
S – Entorno Sensorial
Crea un espacio sensorialmente agradable alrededor de la comida. Atenúa la iluminación, reduce el ruido ambiental y no insistas en normas sociales como el contacto visual o sentarse a la mesa. Permíteles usar auriculares o comer en una habitación tranquila si es necesario. Prioriza la comodidad sobre la conformidad.
A – Autonomía:
Ofrezca opciones en lugar de dar órdenes. Deje que su hijo participe en la planificación de las comidas, establezca límites y defina objetivos. La autonomía fomenta la confianza y la participación. Definan los objetivos de alimentación de forma colaborativa e inviten a que sugieran qué les resulta factible.
F – Flexibilidad.
Adapta las rutinas y las expectativas. Si ciertas terapias o tareas resultan abrumadoras, no hay problema en cambiar de estrategia. Para algunas personas neurodivergentes, herramientas como escribir un diario o realizar tareas de exposición no son útiles. Adopta modificaciones que afirmen la neurodiversidad, no una conformidad rígida.
E – Validación emocional:
Las personas neurodivergentes pueden expresar sus emociones de manera diferente o tener dificultades para reconocer lo que sienten. Utilice herramientas no verbales como emojis, tablas de estado de ánimo o tarjetas visuales. Valide el malestar y evite interpretar la evitación como rebeldía; podría tratarse de evitación de la demanda, sobrecarga sensorial o agotamiento.
T – Confía en su experiencia.
Lo que parece resistencia puede ser una respuesta neurológica. Por ejemplo, la disfunción ejecutiva puede hacer que incluso las tareas más sencillas resulten abrumadoras. Respeta su experiencia y trabaja con su cerebro, no en su contra.
Y – Tu apoyo es importante.
Si el tratamiento actual no te parece adecuado, aboga por él. Pregunta a los profesionales si tienen experiencia con pacientes neurodivergentes. Busca atención que afirme la neurodiversidad y no dudes en solicitar modificaciones. Confía en tu intuición: tú conoces mejor a tu hijo
