Son cada vez más los casos de madres, padres o tutores de niñas o niños en situación de discapacidad que deciden matricularlos en el sistema educacional tradicional, para que puedan integrarse en un mundo donde prima la diversidad de realidades, sin embargo, el temor está latente por si pueden llegar a ser víctimas de acoso o burlas.
Aunque las infancias son naturalmente inclusivas, a medida que crecen – a veces- aprenden comportamientos que pueden dañar a otros, sobre todo a quienes viven con alguna condición, entonces ¿cómo podemos mantener “viva la llama” de la inclusión en niñas y niños?
La cuenta de Instagram @nuestropieizquierdo entrega cinco recomendaciones:
1. Nombrando la discapacidad sin miedo: “Tu compañera se comunica de otra manera”, “Se cuerpo se mueve distinto”. Cuando la persona adulta logra decirlo de manera natural, la niña o el niño lo interioriza de igual manera
2. Fomentar la empatía sin caer en la lástima: No es pobrecito o pobrecita, es una niño o niña que le gusta jugar igual, se ríe y se enoja como cualquier otro.
3. Invitándolo a incluir, no a señalar: En lugar de decirle con reprimendas “No te rías de él”, enséñale con un lenguaje propositivo: “Podrías invitarlo a jugar”.
4. Habla con la profesora, el profesor, la madre,y/o padre de esa compañera o compañero con discapacidad: No es necesario tener todas las respuestas. Si es para ti algo desconocido, es bueno que te interiorices como adulto responsable que eres.
5. Demuéstralo con el ejemplo: La inclusión empieza por casa. Si te ve a ti siendo respetuoso o respetuosa, hablando con los términos correctos y siendo inclusivo, esa niña o niño sabrá cómo hacerlo.
Es importante recalcar que las infancias aprenden los comportamientos de sus adultos responsables, si te ve a ti discriminando o burlándote de alguien por ser “distinto”, de seguro su actuar será igual cuando esté con sus pares.
