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Nacional

Envejecimiento en Chile y por qué es un desafío urgente para la sociedad

Este cambio no solo modifica la estructura etaria del país, sino que también plantea importantes desafíos sociales, sanitarios y profesionales.
Hombre mayor de espalda caminando en la calle
Créditos: UACh
Chile está viviendo una profunda transformación demográfica. El aumento sostenido de la esperanza de vida y la disminución de los nacimientos han generado un escenario en el que las personas mayores representan una proporción cada vez más significativa de la población. Este cambio no solo modifica la estructura etaria del país, sino que también plantea importantes desafíos sociales, sanitarios y profesionales.
Por ejemplo, en la región de Los Ríos, más del 15% de la población tiene 65 años o más, cifra que supera el promedio nacional y que evidencia la necesidad de contar con un mayor número de dispositivos, así como de revisar los protocolos y orientaciones técnicas de los centros. Esto implica reconocer que muchas personas mayores son activas y no demandan exclusivamente cuidados sanitarios o de soporte vital.
Durante años predominó la idea de que el envejecimiento era una etapa determinada principalmente por factores genéticos o por el paso del tiempo. Sin embargo, el enfoque actual de los determinantes sociales de la salud plantea que las circunstancias en las que las personas nacen, crecen, estudian, trabajan y viven tienen un impacto decisivo sobre su salud, autonomía y calidad de vida en edades avanzadas.
Las condiciones sociales, económicas, familiares y laborales que una persona experimenta desde su nacimiento influyen profundamente en cómo llega a al proceso de envejecimiento.
«Se debe considerar que no es únicamente un proceso biológico, sino el resultado de una trayectoria de vida marcada por oportunidades, desigualdades, redes de apoyo y acceso a recursos, el enfoque actual de las determinaciones  sociales de la salud plantea que las circunstancias en las que las personas nacen, crecen, estudian, trabajan y viven tienen un impacto decisivo sobre su salud, autonomía y calidad de vida en edades avanzadas», explica  Daniela Urrutia García, académica del Instituto de Neurociencias Clínicas de la UACh y especialista en el área.
«Otro aspecto fundamental – señala- son las relaciones familiares y comunitarias. Las personas que cuentan con redes de apoyo sólidas suelen afrontar mejor los cambios asociados al envejecimiento, mientras que el aislamiento social y la soledad se han convertido en importantes desafíos para la salud mental y el bienestar de muchas personas mayores. El proceso de envejecer no afecta por igual a toda la población. Factores como el género, el territorio, la pertenencia étnica o la condición socioeconómica generan trayectorias de envejecimiento diferentes. Las mujeres, por ejemplo, suelen acumular mayores cargas de cuidado no remunerado y enfrentar mayores niveles de vulnerabilidad económica en la vejez»; recalca la Profesora Urrutia, Terapeuta Ocupacional de profesión.
Para la Dra. Carola Rosas Ordóñez, directora del Instituto de Enfermería de la Facultad de Medicina de la Universidad Austral de Chile, existe «un desafío tremendo. En Chile se está dando este crecimiento demográfico abrupto, que es diferente a países que han tenido mucho más tiempo para prepararse, como, por ejemplo, los europeos, en los que esta transformación se ha dado en un lapso de 200 años. Esto nos plantea un desafío en el que aún tenemos brechas y necesidades, sobre todo en el área de la salud, y que son urgentes».
La académica, Máster en Gerontología y Doctora en Ciencias de la Salud, desarrolla su línea de investigación en envejecimiento y advierte que abordar este fenómeno requiere comprender que las personas mayores no constituyen un grupo homogéneo.
El envejecimiento no ocurre de una única manera ni puede entenderse exclusivamente desde una perspectiva biológica. «Cuando uno estudia gerontología se enfoca en las personas mayores, que tienen una gama de diferencias unas de otras, las que se van dando de acuerdo con factores biológicos, psicológicos y sociales. Y una parte importante es la trayectoria de vida que han tenido. Eso, en gran porcentaje, va determinando la forma en cómo estas personas van envejeciendo», explica la Dra. Rosas.
Uno de los principales retos consiste precisamente en anticiparse. La velocidad del cambio demográfico obliga a desarrollar capacidades profesionales y políticas públicas que permitan responder a las necesidades actuales.
En tanto la Prof. Urrutia, señala que la tensión demográfica entre la tasa de natalidad y el aumento de la población mayor «nos invita a plantearnos cómo diseñamos una sociedad diversa y universal. El desafío no es ‘hacer comunidades para la persona mayor’. El desafío es cómo incluimos a todos en este proyecto de comunidad».
«Debemos mirar este cambio demográfico como una oportunidad de desarrollo y no sentir que debemos hacer una completa reingeniería para la persona mayor. Se debe potenciar lo bueno existente y avanzar en los desafíos culturales y estructurales en el corto plazo. Ya no es una proyección. La conformación demográfica varió y requiere una reflexión y medidas concretas que permitan avanzar en procesos de inclusión efectiva y oportuna», afirma Daniela Urrutia, quien desde hace varios años trabaja con temas de envejecimiento desde perspectivas crítica interés en el desarrollo de temáticas sobre bienestar, autonomía y muerte digna.

Envejecimiento activo y con calidad de vida

La atención de las personas mayores requiere una mirada integral que vaya más allá del tratamiento de enfermedades, considerando su salud física y funcional, salud mental y cognitiva, así como su bienestar emocional y calidad de vida. Esto implica promover la actividad física, la prevención y rehabilitación, detectar tempranamente problemas de salud mental y fortalecer la participación comunitaria y las redes de apoyo para prevenir la soledad y el abandono.
 Asimismo, «es fundamental contar con entornos accesibles, transporte adecuado y comunidades amigables que favorezcan la independencia, autonomía y participación social. Todo ello debe abordarse desde un enfoque de derechos humanos, reconociendo la dignidad, capacidad de decisión y participación de las personas mayores, y combatiendo el edadismo y la discriminación», añade la Prof. Urrutia.
En ese contexto, la Profesora Mónica Munizaga Yávar, subdirectora de la escuela de Lenguaje y Comunicación de la UACh y especialista en fomento y mediación lectora, quien indica que «la lectura en personas mayores puede ser una herramienta de estimulación cognitiva y bienestar emocional, ya que permite que continúen aprendiendo, descubriendo temas nuevos y participando activamente de la vida cultural. No se trata solamente de «mantener la mente ocupada», sino de seguir siendo sujetos activos de aprendizaje, reflexión y creación».
La académica agrega que “en personas mayores, la lectura puede ser una actividad para prevenir el deterioro cognitivo, pero también puede ser de gran ayuda frente al aislamiento y soledad que muchos adultos mayores perciben, tanto por el placer del simple acto de leer, como también por sentirlo como un espacio de compañía, activación de recuerdos, identidad y sentido de vida”.
Por su parte, el profesor Pierre Medor, docente del Instituto de Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh, señala que la «población chilena es una población regresiva o envejecida y la región de Los Ríos está en el top 3”. En este contexto, destaca la necesidad de desarrollar actividades que favorezcan una vida activa y saludable desde la motricidad humana, potenciando las actividades de la vida diaria de las personas mayores.
Asimismo, plantea que estas iniciativas contribuyen a vivir un proceso de envejecimiento óptimo, mediante programas orientados no solo a realizar las adaptaciones necesarias, sino también a formar a la comunidad de la mejor manera para que contribuya al mejoramiento de la calidad de vida de las personas mayores.