Cuando hablamos de inclusión no solos nos referimos a la discapacidad, sino a todo grupo socialmente invisibilizado, siendo uno de ellos las infancias y adolescencias indígenas.
Una de las áreas en que se ve la desigualdad de quienes pertenecen a pueblos originarios es en la educación, donde la brecha persiste hasta hoy en día a pesar de la existencia de determinados programas.
Según análisis de especialistas, en 2024, un joven perteneciente a un pueblo originario tenía un 17% menos de probabilidad de llegar a la universidad que su par no indígena, informó el medio El Magallánico.
Aunque en nuestro país existen el Programa de Educación Intercultural Bilingüe (PEIB), además de becas indígenas y beneficios de acceso a la educación superior, estos apoyos aún siguen siendo insuficientes ya que no llegan ni a la mitad de los establecimientos con matrícula de estudiantes indígenas.
El factor económico y de traslado también influye en la permanencia en el sistema educacional, ya que muchos se ven obligados a salir de sus comunidades, aumentando los costos familiares, y que los apoyos económicos estatales no alcanzan a cubrir, aumentado la tasa de deserción.
Finalmente, expertos explican que existe una urgencia tanto en el ingreso y permanencia de las infancias y adolescencias al sistema educativo, como el reconocimiento de sus culturas, lenguas y formas de entender el mundo, fortaleciendo políticas públicas que cumplan con los estándares internacionales de los derechos de los pueblos originarios.
