Una de las tareas pendientes en temas de discapacidad es la que tiene que ver con la sexualidad. Sea por desconocimiento, pudor o capacitismo, todavía se ve a las personas que viven con alguna condición como seres que no pueden tener una vida sexual activa.
Frente a esto es que nació en Uruguay un plan piloto que tiene por objetivo abordar la sexualidad desde una perspectiva de derechos, inclusión y bienestar emocional, en un contexto en el que continúan las barreras sociales y familiares.
Karina Núñez, una extrabajadora sexual, es la encargada de la iniciativa, que incluye talleres de sensibilización dirigidos a familias, especialmente a madres; además del acceso a servicios sexuales adaptados a las necesidades de cada participante, con un espacio donde se garantiza la accesibilidad y privacidad.
Núñez declaró, en entrevista con Radio Impacto, que “algunas familias reportaron una reducción en los niveles de estrés y ansiedad de los participantes, así como mejoras en la convivencia”, publicó el sitio Montevideo Portal.
Aislamiento afectivo y brecha de género
El proyecto no solo aborda la sexualidad, sino también lo afectó. Karina relató el caso de una persona que llevaba 20 años sin recibir un abrazo, reflejando una realidad que, a los ojos de la mayoría, es invisible.
Por eso, Núñez explicó que la idea siga en desarrollo con el fin de aborda el tema desde los derechos de las personas que viven con alguna discapacidad.
Respecto a quienes entregan los servicios, Karina declaró que las trabajadoras sexuales se capacitan durante ocho meses, con apoyo interdisciplinario sobre los distintos tipos de discapacidad.
Lo que lamenta la impulsora del proyecto, es que aún no ha podido romper la brecha de género, pudiendo capacitar a trabajadoras sexuales no así a hombres que se dediquen al rubro.
