Inatentos, hiperactivos-impulsivos y combinado son las tres presentaciones del trastorno de déficit atencional con hiperactividad, o más conocido como TDAH.
Aunque suele ser una neurodivergencia que se diagnostica desde la niñez, también hay personas adultas que nunca supieron que lo tenían hasta cuando empezaron a ver dificultades en su ámbito laboral y/o relacional.
Un reciente estudio publicado en Nature Mental Health muestra cómo el TDAH cambia con los años, e incluso algunos infantes «simplemente lo supercrecen. Comienzas con un grupo y los sigues a lo largo del tiempo; los síntomas disminuyen con la edad. Ese es solo un efecto relacionado con la edad. Lo llamo maduración», explicó James Swanson, catedrático de pediatría en la Universidad de California, campus Irvine.
Las evidencias muestran que está condición va teniendo modificaciones según el ciclo vital.
Un niño o niña, para poder ser diagnosticado, debe cumplir un mínimo de 6 síntomas de una u otra categoría. Quienes tienen desde 17 años en adelante deben cumplir con 5 o más.
La manifestación de la hiperactividad-impulsividad es más notable en la infancia, etapa de plena exploración.
Cuando ya van creciendo y asumen más responsabilidades, se empieza a acentuar más la inatención. De hecho, otro estudio mostró que entre los 12 y 18 años más comienzan a entrar en la categoría de inatentos y menos de una cuarta parte en hiperactivos-impulsivos.
¿Y en la adultez? Una breve investigación reveló que solo el 7% presenta preponderantemente la hiperactividad-impulsividad; un tercio eran inatentos, y la mayoría combinada.
Respecto a la manifestación, también es distinta dependiendo de la edad. La hiperactividad-impulsividad en personas adultas es más una inquietud mental que física, como ocurre en la niñez. «Pueden sentir siempre la necesidad de estar ocupados, como si necesitaran hacer ejercicio a diario o, de lo contrario, no se sienten muy bien», Deepti Anbarasan, profesora clínica titular de Psiquiatría en la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York.
En tanto, la inatención se refleja en la dificultad de la logística cotidiana, no poder terminar labores sin una fecha límite o perder el hilo de las conversaciones.
Las investigaciones coinciden en que el cambio de los síntomas se debería, principalmente, a cómo el entorno influye en las personas, además de la prontitud al recibir el diagnóstico y buscar herramientas que les permitan desenvolverse en la sociedad.
