Desregulaciones, alta demanda, terapias, necesidades específicas son solo algunas de las cosas que implica criar a una niña o niño en el espectro autista, lo que genera un alto impacto físico y emocional en las madres que viven esta realidad.
Algunas investigaciones internacionales han demostrado que las y los cuidadores de personas autistas presentan niveles de estrés significativamente más elevados que otros grupos de cuidadores, además de una mayor prevalencia de ansiedad y síntomas depresivos.
Andrea Mira Olivos, directora del Observatorio de Neurodivergencias de la Universidad Andrés Bello (UNAB), explica que «el cuidado suele recaer mayoritariamente en las madres, quienes coordinan tratamientos, reuniones escolares, controles médicos y actividades cotidianas, muchas veces compatibilizando estas tareas con su trabajo y las responsabilidades del hogar».
Lo anterior provoca un desgaste progresivo. «Cuando una persona permanece durante años en estado de alerta constante, comienza a postergar su propio bienestar. Vemos con frecuencia madres que aplazan controles médicos, descuidan el descanso o normalizan niveles de cansancio que ya están afectando su salud física y mental», detalla Mira a El Rancahuaso.
La académica es clara en señalar que el bienestar de las infancias (no solo autistas) también depende del bienestar de su cuidadora. «Existe una idea equivocada de que una buena madre debe poder con todo. Pedir ayuda no es una señal de debilidad ni de falta de compromiso; es una estrategia de cuidado fundamental».
Desde el Observatorio de Neurodivergencias de la UNAB entregan 5 recomendaciones que pueden ayudar a tener un día a día más tranquilo en medio de la crianza autista.
- No tener miedo de pedir ayuda: En la medida que sea posible, es bueno delegar algunas tareas, disminuyendo la sobrecarga y previniendo el agotamiento.
- Construir una red de apoyo: Familiares, amigos, vecinos o agrupaciones pueden transformarse en un apoyo concreto y emocional.
- Escuchar las señales del cuerpo: Nuestro cuerpo siempre habla, incluso antes que nuestra mente; por eso, si hay tensión muscular, cefaleas frecuentes, cambios de ánimo o problemas de sueños, es importante prestar atención, ya que son alertas que no deben ignorarse.
- Priorizar la propia salud: La salud propia es fundamental para poder cuidar la de otros. Asistir a controles médicos, alimentarse adecuadamente y respetar espacios de descanso es tan importante como la de las hijas o hijos.
- Espacios personales sin culpa: Hacer cosas que te gusten, como leer, caminar, escuchar música o compartir una conversación, sinduda puede ayudara recuperar energía y bienestar emocional.
