Vivir en la ciudad o en el campo no debería ser una determinante para tener una buena calidad de vida o por lo menos digna, sin embargo, la belleza de la ruralidad muchas veces se vuelve en una pesadilla para las personas en situación de discapacidad y sus familias.
Marina es madre de dos hijos con discapacidad mental severa y vive en Curaco de Vélez (Chiloé), una de las zonas de Chile con los parajes naturales más bellos; pero lo que podría ser un sueño para cualquiera, para ella ha sido un real martirio.
Según informó el medio Urgente.cl , tras años de intentar criarlos sola a ambos, finalmente tuvo que tomar una dura decisión debido a la precariedad en la que vivían, quedarse con uno de ellos y al otro dejarlo al cuidado de una institución.
Esta es solo una de las tantas historias que se ven en los sectores rurales de nuestro país, donde a los bajos recursos, se suma la poca –o inexistente- existencia se servicios médicos para personas con discapacidad, y el aislamiento, ya que las ayudas no “tocan la puerta” en dichos hogares.
Cuando la discapacidad mental o las condiciones psiquiátricas severas están en una familia que no habita en las grandes urbes, la desigualdad es evidente, además en las zonas rurales la tasa de personas mayores va aún más en aumento, ya que los jóvenes emigran campo-ciudad para estudiar y/o trabajar.
«En Maullín un 38% y en Queilén un 42% de las personas de entre 70 y 74 años tiene discapacidad mental, en circunstancias que el promedio nacional para este tramo de edad es de 26. 6%», detalla Héctor Higuera, Jefe de Operaciones Sociales del Hogar de Cristo a Urgente.cl
Frente a este panorama, las residencias cumplen un rol fundamental cubriendo un vacío que nadie quiere ver. Por ejemplo, en la Residencia Protegida del Hogar de Cristo para Personas con Discapacidad Mental de Castro actualmente viven doce personas con discapacidad mental severa, que en su mayoría están abandonados.
Sin duda, el territorio donde habitas no debería ser una determinante de bienestar para alguien que vive con discapacidad, sin embargo, aún hay zonas de nuestro largo y angosto país en las que dependen de una lancha, un transbordador, un bus que pasa 2 veces a la semana, que el camino esté habilitado o la buena voluntad de alguna o algún vecino para poder optar a una buena salud y tratamientos.
