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Parentificación: el fenómeno que viven quienes crecen junto a hermanos con condiciones del neurodesarrollo

Aquellas hijas o hijos que no tienen una condición suelen asumir roles de cuidados.
Una niña mirando a un niño más pequeño junto a ella
Imagen referencial

En la actualidad es cada vez más común encontrarse con familias donde alguno de las hijas o hijos tiene una condición del neurodesarrollo, y aunque existe una alta carga genética en aquello, no siempre todos los integrantes nacen con alguna. 

Es en esos cuando, sin querer, la atención de la madre y/o padre se va hacia aquel que necesita más ayuda, quedando en el ‘olvido’ el o la otra por parecer más fuerte para enfrentarse al mundo por sí mismo. 

Es en ese instante cuando esas niñas, niños o adolescentes comienzan a asumir un rol de cuidadores o mediadores, lo que aumenta sus niveles de estrés al callar sus propias necesidades para «no ser un problema» para su madre y/o padre. 

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Irene López, psicóloga y directora del centro anda CONMiGO de Boadilla del Monte (Madrid), declara a ABC que este fenómeno «es conocido como ‘parentificación’, y puede generar consecuencias emocionales a largo plazo y manifestarse como ansiedad, carga emocional e incluso dificultades en sus relaciones futuras». 

La psicóloga explica que es bastante frecuente “el desplazamiento” del hijo o la hija sin una condición por parte de los cuidadores. Es donde comienzan a manifestarse emociones de soledad emocional, autoexigencia desmedida, dificultades para pedir ayuda o mostrarse vulnerables. 

Otro error común 

López explica que otro error que suelen cometer las madres y padres es hacer a esa hija o hijo neurotípico responsable de su hermana o hermano en situación de discapacidad. Esto suele ocurrir cuando desde el agotamiento, culpa o preocupación delegan tareas a esa hija o hijo «más funcional». Así, esa niña o niño anula sus propias necesidades por las de sus cuidadores y su hermana o hermano. 

Dicha inversión de roles puede derivar en consecuencias emocionales como: ansiedad crónica, hiperresponsabilidad, baja tolerancia a la frustración, dificultad para poner límites y relaciones afectivas desequilibradas en la adultez. Luego, terminan repitiendo el patrón de cuidar a otros, olvidándose de sí mismos. 

El duelo de los hermanos o hermanas 

Cuando una de las hijas o hijos nacen con una condición de neurodesarrollo, los progenitores viven un duelo antes la situación, situación que también le ocurre a las hermanas o hermanos. «Los hermanos de niños con discapacidad o trastornos del neurodesarrollo también atraviesan un proceso de duelo, aunque rara vez se hable de ello. Es un duelo silencioso, simbólico, que no nace de una pérdida física, sino de la ausencia de esa relación fraterna que imaginaron: un compañero de juegos, de secretos, de travesuras. En lugar de eso, encuentran un hermano con quien la interacción puede ser limitada, exigente o completamente distinta a lo esperado. Esta experiencia muchas veces se reprime, porque sienten que no tienen derecho a esa tristeza, o temen herir a sus padres si expresan que echan de menos algo que nunca tuvieron, pero la emoción está», explica López. 

¿Cómo abordar esta situación? 

La psicóloga Irene López detalla hay, por el lado clínico, se creen espacios donde estas niñas o niños puedan desarrollarse y expresar sus emociones sin culpa. Además, que en las escuelas existan protocolos de sensibilización y acompañamiento de estos menores que pasan desapercibidos o son tildados de ser «muy responsables». 

En el ámbito familia, López explica es importante «trabajar con los padres para fomentar una crianza equilibrada, que no invisibilice al hijo neurotípico, y ofrecer orientación en dinámicas de cuidado no parentificadas, es vital». 

A los anterior agregar que «a nivel institucional, se necesitan planes de apoyo familiar integrales, donde se contemple no solo al niño con diagnóstico, sino al sistema completo, incluyendo recursos económicos, legales y psicosociales. Y, por último, promover un cambio cultural que visibilice estas experiencias desde una narrativa empática, sin idealizaciones ni exigencias de fortaleza precoz. Porque cuidar al hermano es también cuidar al sistema familiar en su totalidad». 

Finalmente, López declara que en el proceso terapéutico de una niña o un niño con una condición del neurodesarrollo debe considerar la dinámica familia y principalmente a esa hermana o hermano neurotípico porque «estos hermanos muchas veces ocupan un lugar silencioso pero central: observan, sostienen, callan y, en no pocos casos, se adaptan más de lo esperable para su edad. Es común que sientan que no deben ‘molestar’, que sus emociones pasan a segundo plano, o incluso que asuman responsabilidades que no les corresponden, entrando en lo que clínicamente llamamos parentificación».