No es secreto que la adolescencia es una de las etapas de la vida más complejas debido a que se están viviendo muchos cambios al mismo tiempo, sumado a la búsqueda de la identidad y el reconocimiento con los pares.
Las instancias en que más se logra la interacción con otros adolescentes es en los espacios de pasatiempos, pero ¿qué pasa con aquellos que tienen una discapacidad intelectual? “El ocio es una parte del tiempo libre que cada persona dedica a hacer actividades que le gustan y con las personas que quiere: tan importante es lo que se hace como con quién se hace», declaró, en el portal 20 minutos, Beatriz Vega, responsable del proyecto de Ocio inclusivo de Plena Inclusión España.
Cuando son pequeños, la falta de un círculo de amistades suele pasan más desapercibida ya que a esa edad aún se depende más de las madres, padres o tutores, además los espacios de diversión son junto a los cuidadores, que –en caso de no ser accesibles- son los mismos adultos que los hacen “accesibles”. Sin embargo, esto empieza a cambiar desde los 12 o 13 años, donde la independencia cumple un rol fundamental.
Al respecto, Vega declaró que «muchas personas con discapacidad intelectual se encuentran con barreras para desarrollar su ocio porque sigue habiendo prejuicios sobre la discapacidad, porque muchos espacios, transportes e información no son accesibles».
Mercedes es madre de Álvaro, un adolescente de 13 años con discapacidad intelectual derivada de una mutación en el gen TBR1, quien explicó que a él – por ejemplo- le encanta el fútbol, pero donde viven no hay escuelas que lo acepten. “Me da pena, porque es él quien me lo pide, pero no es posible. Al final, somos los padres los que acabamos siendo los mejores amigos de nuestros hijos, y es muy injusto para ellos«.
A lo anterior se suma los prejuicios que existen por otros jóvenes. “Las familias no llevan a sus hijos a una actividad en la que hay chicos con discapacidad, pero porque no han crecido con ellos, no normalizan la situación. De hecho, cuando llevo a mi hijo a alguna actividad, yo veo como el resto lo mira raro por cómo habla, cómo se comporta… y lo excluyen«, manifestó Mercedes.
Aunque el ocio debería ser un derecho para todas las personas (sobre todo en la juventud), independiente si tienen o no una discapacidad, todavía es una deuda que tenemos como sociedad y parece que nadie quiere ver.
