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La neurociencia explica cómo la práctica del Yoga cambia nuestro cerebro

Esta disciplina sería beneficiosa contra el burnout y el multitasking.
Cinco personas en una asana de Yoga
Imagen referencial

Son cada vez más las personas que han comenzando con la disciplina milenaria del Yoga, existiendo diversos estilos dependiendo de la necesidad de cada practicante. Independiente de cuál se realice, la neurociencia le ha puesto atención por los beneficios que tiene en las personas, debido a la capacidad de reconfigurar nuestro cerebro. 

Tatiana Alarcón, fonoaudióloga de la Universidad de Chile y Máster en Neuroeducación, explicó en entrevista con Cooperativa Ciencia, que la focalización en la respiración y el movimiento consciente logra silenciar áreas dispersas, concentrando su actividad en la zona prefrontal. “Cuando le ponemos un foco corporal, la actividad empieza a sonar de manera más armónica y se gesta una melodía”, declaró la especialista. 

Este proceso activa las ondas alfa, patrones eléctricos cerebrales asociados a estados meditativos y de relajación profunda. Además de fomentar la transición hacia un modo parasimpático encargado de la restauración, la calma y la recuperación biológica de los tejidos, consignó Cooperativa Ciencia  

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Aunque muchas personas cuando se inician en el Yoga le ponen énfasis a lo corporal y ganar flexibilidad; la verdad es que en esta práctica la mente y cuerpo siempre van juntas, y los científicos lo notaron. “Hoy la ciencia demuestra que posturas encorvadas con mayor flexión de columna se asocian a una percepción del entorno más negativa y a estados afectivos que impactan el bienestar», afirma. Por el contrario, las aperturas de pecho —comunes en el yoga— pueden catalizar la liberación emocional. Esto explica por qué muchos practicantes experimentan ganas de llorar o sensaciones de vulnerabilidad durante ciertas posturas: el cuerpo, al sentirse en un lugar seguro, permite que la emoción se despliegue”, declaró Alarcón. 

La especialista sí es enfática en explicar que esta disciplina no reemplaza la terapia ni los fármacos en cuadros psiquiátricos agudos. “El yoga es un súper buen compañero, pero no en el momento más agudo. Una vez que el cuadro está estable, la práctica puede disminuir significativamente las posibilidades de recaídas”, finalizó.