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Internacional

Especialista explica que con mínimas adecuaciones una persona autista puede trabajar sin problema en el área de las comunicaciones

Uno de los mitos que existen es que quienes tienen esta condición no podría desempeñarse en profesiones como periodismo o relaciones públicas.
Persona sentada sobre una alfombra, mientras escribe en una libreta junto a un notebook y una revista
Imagen referencial

Una de las principales dificultades que presenta una persona en el espectro autista tiene que ver con la comunicación, debido al alto grado de literalidad, no entender del todo los códigos sociales y lo desafiante que puede ser el relacionarse con los demás. 

Esto hace que, elegir una profesión relacionada al área de las comunicaciones pueda ser un riesgo debido que los entornos laborales para estos futuros profesionales son limitados y sin adecuaciones. 

Frente a esto es que Marc Compte Pujol, experto en comunicación, inclusión laboral e investigador del grupo GAME de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC) presentó un estudio sobre la inserción laboral de autistas en área de relaciones públicas y comunicaciones. 

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En la investigación publicada en la  Comunicació: Revista de Recerca i d’Anàlisi de la Sociedad Catalana de Comunicación, se evidencia que, con mínimas adecuaciones, una persona con esta condición puede desempeñarse sin problema como comunicador, periodista y/o relacionador público. 

Para el experto todo esto se reduce a qué entendemos por comunicación. “Si se trata de mantener charlas triviales, interpretar dobles intenciones o improvisar, efectivamente, el EA puede ser una barrera. Pero si entendemos la comunicación como la construcción de mensajes claros, directos, funcionales y rigurosos, aquí, en cambio, aparecen fortalezas muy potentes. De hecho, la comunicación clara y orientada a la funcionalidad es un potencial explícito de estos perfiles”, explicó en entrevista con UOC.  

Compte Pujol manifestó que la abundancia de prejuicios, la falta de conocimientos y nulas adecuaciones cierra las puertas a las y los comunicadores autistas. “El tapón suele ser el entorno. El sector de la comunicación tiene una cultura en la que todo es urgente, se requiere una disponibilidad constante y un networking excesivo como capital profesional. También hay procesos de selección basados casi exclusivamente en la performance social y reuniones eternas que premian a la gente que se hace ver por encima de los resultados reales. Muchas personas con autismo sufren por la sobrecarga sensorial (ruido, luz) y la necesidad de llevar a cabo varias tareas simultáneamente, y acaban quedando fuera de dichos procesos”, detalló. 

El investigador explicó con mínimas adecuaciones esta situación puede ser diferente. “Son cambios a menudo baratos y concretos, como ofrecer flexibilidad mediante el teletrabajo, reducir estímulos sensoriales (luz, ruido…) y dar instrucciones claras y por escrito, en lugar de hacerlo solo de forma oral o improvisada. También es conveniente estructurar las reuniones con turnos de palabra y, sobre todo, evaluar por resultados y no tanto por habilidades sociales. Por lo tanto, son cambios que hacen que las organizaciones sean más eficientes para todo el mundo, no solo para las personas con EA”, expresó a UOC 

Respecto a las habilidades que tienen las y los autistas para las comunicaciones, Compte Pujol fue enfático. “Estas personas aportan rigor, atención al detalle y un gran cumplimiento de los plazos. Además, tienen una capacidad destacada para el pensamiento lateral, conectar ideas y detectar patrones. Su perfil analítico es muy valioso para trabajar con datos y métricas en entornos digitales. Finalmente, también disponen de una ética de trabajo basada en la honestidad y la integridad, alejada del postureo”.  

La Inteligencia Artificial (IA) podría ser una gran ayuda para estos profesionales. “La IA puede ser una palanca muy potente, porque reduce tres grandes barreras: la ambigüedad, la sobrecarga y la improvisación. Puede ayudar a estructurar la información (resumir reuniones, ordenar ideas), reducir la carga ejecutiva (priorizar tareas) y hacer la comunicación más accesible (ajustar el tono de los textos sin perder la literalidad). Esto permite que el talento de las personas con autismo se concentre en lo que realmente aporta valor: la creatividad y el análisis”, declaró el especialista. 

Finalmente, para este investigador, las universidades deben cumplir un rol fundamental para lograr una buena inclusión laboral de autistas en el área de las comunicaciones. “Las universidades tienen que pasar de la sensibilización a la acción, incorporando la neurodiversidad al currículum y ofreciendo formatos de evaluación diversos. Hace falta que la entrada en el mercado laboral no dependa solamente de «saberse vender». De hecho, si alguien con autismo puede sobresalir en un sector tan exigente y poco predispuesto como el de la comunicación, significa que, si tiene un poco de confianza y se le da la oportunidad, podría hacerlo en cualquier otro sector”, sentenció.